El precio real de una oferta de tarot en Black Friday

Una oferta de tarot puede venir en minutos, en consultas o en bonos. Para compararlas hay que llevarlas todas a la misma unidad: lo que pagas por cada minuto de conversación.
En las semanas del Black Friday, el tarot se anuncia con las mismas palabras que una tienda de electrodomésticos. «Precio mínimo», «descuento exclusivo», «solo este fin de semana». Ese lenguaje tiene una trampa: casi nunca dice respecto a qué.
Por minuto
Es el formato más fácil de comparar. Te dicen cuánto cuesta cada minuto, y punto. Lo que hay que comprobar:
- Que el precio incluya impuestos. Si no lo dice, pregunta.
- Que sea el precio desde el teléfono que vas a usar. En los 806 y 807 el precio desde móvil puede ser distinto del de fijo, y los dos deben aparecer en la publicidad.
- Si hay un coste por establecimiento de llamada, es decir, algo que se cobra solo por conectar.
- Cuánto costaba ese mismo minuto la semana anterior. Sin esa referencia no hay forma de saber si has ahorrado algo.
Por consulta
Una consulta cerrada a precio fijo suena muy clara. Solo lo es si sabes cuánto dura. Pregunta los minutos exactos y qué pasa si la conversación se alarga: si se corta, si te avisan o si empieza a contar a otra tarifa.
Con la duración y el precio puedes calcular tú el minuto, y entonces sí comparar con una oferta por minutos.
Por bono
El bono es el formato estrella de cualquier promoción de black friday tarot. Pagas hoy un paquete de minutos a un precio que, dividido, sale más barato que el minuto suelto.
El cálculo es fácil: precio del bono entre minutos incluidos. Lo difícil es saber si vas a gastar esos minutos. Un bono que caduca antes de que lo agotes sale, en la práctica, más caro de lo que anuncia, porque los minutos que pierdes también los has pagado.
Las condiciones de caducidad y de uso las tratamos en la letra pequeña de los bonos.
Los «minutos de regalo»
Muchos servicios ofrecen unos minutos gratis en la primera llamada. Para calcular el precio real, no los cuentes. Son un incentivo para que empieces, y lo que acaba importando es lo que pagas a partir de ahí, que suele ser la tarifa normal.
Una regla para no liarse
Apunta en un papel, para cada oferta que te interese, tres cifras: lo que pagas, los minutos que recibes y la fecha en que caducan. Divide. Así de sencillo.
Lo que salga de esa cuenta es el precio. Todo lo demás del anuncio, los porcentajes tachados, las cuentas atrás y las estrellas de colores, es decoración.
Y si no puedes sacar esas tres cifras del anuncio ni de la web del servicio, ya tienes la respuesta sin necesidad de dividir nada.